JOSÉ GERMÁN José Germán

Para amasar una gran fortuna

Quiero comenzar esta nota con lo dicho en una historieta de Mafalda, cuyo autor es Quino, por Manolito, el hijo del almacenero “Para amasar una gran fortuna, hay que hacer harina a mucha gente”.

También agrego la siguiente reflexión “La verdad antes de ayudar, duele”.

Estoy asombrado con el planteo de los supermercadistas, de evitar la llegada de las grandes cadenas comerciales en todos los rubros. Los argumentos utilizados, eran los mismos, pero usados en su contracara, cuando comenzaron ellos a trabajar en nuestra ciudad. Cuantos almacenes, verdulerías, panaderías y otros negocios pequeños, generalmente unipersonales o familiares, debieron cerrar sus puertas, en el tiempo de prosperidad para ellos. Ahora les toca las vacas flacas.

No hablo de venganza, castigo divino, ni que se lo merecen. Simplemente son las leyes de mercado, casi salvajes en su concepción, en contra de los hombres.

Cuando uno solicitaba un crédito, a un proveedor, o a  un banco,  antes se los daban a los hombres, hoy se los dan a los números. Así nos va  a la mayoría.

Este análisis, no solo es válido para los independientes y la patronal, también lo es para los empleados.

El ejemplo que voy a dar no es simpático, pero no soy demagogo ni hipócrita.

Cuando paso por San Martín y San Lorenzo, frente al Banco Provincial, veo a la carpa de los empleados. Sus reclamos me parecen justos. Pero, no puedo olvidarme, cuantas veces, obreros de empresas con sus mamelucos sucios, en manifestaciones frente al banco, solicitando apoyo de esa institución, para que la empresa donde trabajaba no cerrara sus puertas y perdieran su fuente laboral. Los empleados en el mejor de los casos, eran indiferentes, otros daban argumentos del porque no se podía y algunos  se reían de la situación. También, los reclamos de preservar sus empleos, eran justos.

Podría recordar a Bertolt Brecht (1898-1956), poeta, director teatral y dramaturgo alemán, que decía, muy sintéticamente, cuando venían a buscar a sus vecinos porque eran negros, judíos, barbudos o gordos, como él no era nada de eso, no se metía, ahora, cuando lo vienen a buscar a él, ya es tarde para actuar.

No creo que sea tarde para nosotros, siempre que aprendamos la lección y actuemos en consecuencia.

Miremos a los chicos de la calle, los sin vivienda,  los desocupados, los ancianos y sus dramas.

Aceptemos, que aunque hoy nos vaya bien, no estamos exentos de ser uno más convertido en harina, para que alguien amase una gran fortuna.

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